Del laboratorio pedagógico al laboratorio terapéutico: el juego como espacio de investigación en MINED-E®

Del laboratorio pedagógico al laboratorio terapéutico: el juego como espacio de investigación en MINED-E®

Durante los años en los que trabajé como maestra, inspirada en el enfoque pedagógico de Reggio Emilia, viví una experiencia que cambió por completo mi manera de entender el aprendizaje: los laboratorios de investigación. Con el tiempo, esa misma experiencia terminó convirtiéndose en una de las semillas de MINED-E®, el modelo terapéutico que hoy desarrollo con adultos. Quiero contaros cómo fue ese camino, porque creo que entender de dónde viene una idea ayuda a comprender mejor para qué sirve.

Lo que aprendí en las aulas: investigar en lugar de acertar

En aquellos laboratorios pedagógicos, los niños no tenían que “hacer bien” una tarea. No había una respuesta correcta que encontrar ni un resultado esperado que cumplir. Lo que guiaba la experiencia era, simplemente, la curiosidad.

Los niños exploraban materiales sin más objetivo que descubrir qué pasaba. Inventaban hipótesis sin saber que las estaban inventando, probaban una acción, observaban el efecto, y a partir de ahí modificaban lo que hacían. Ensayo, observación, ajuste, una y otra vez. De ese proceso surgían descubrimientos que ningún adulto les había enseñado directamente.

Nosotros, como equipo educativo, grabábamos estas experiencias en vídeo, después las analizábamos con calma, buscando entender qué procesos de aprendizaje estaban ocurriendo, qué estrategias aparecían de forma espontánea, cómo se relacionaban entre ellos y qué formas de pensar emergían mientras jugaban. No evaluábamos resultados; intentábamos comprender procesos.

Años más tarde, al desarrollar MINED-E®, comprendí que ese mismo enfoque podía trasladarse al terreno de la psicoterapia con personas adultas, la lógica de fondo es la misma: crear un espacio donde la exploración sea libre y observar con atención lo que ocurre en ella.

Lo que cambia no es el valor que le damos al juego, sino aquello que investigamos a través de él. En el aula observábamos cómo se construía el conocimiento, en los grupos, dentro de MINED-E®, observo cómo el cuerpo organiza la experiencia emocional, relacional y cognitiva de cada persona.

El laboratorio de juego como herramienta terapéutica

En los laboratorios de juego que propongo dentro de MINED-E® no existen movimientos correctos ni objetivos impuestos desde fuera. No hay una coreografía que seguir ni un ejercicio que completar con éxito.

“Despierta tu curiosidad. Deja que tu cuerpo te muestre cómo quiere jugar.”

Esa es, habitualmente, toda la consigna que ofrezco, a partir de ahí comienza un auténtico proceso de investigación personal. Cada persona explora el material que tiene delante, el movimiento, el espacio y, cuando hay más de una persona, también la relación con la otra, siguiendo únicamente aquello que despierta su interés en ese momento.

Mi papel como terapeuta no es dirigir cada acción, es observar cómo se organiza esa exploración de manera espontánea: qué elige la persona, cómo se acerca a lo desconocido, qué hace cuando algo no sale como esperaba.

¿Qué observamos exactamente en un laboratorio de juego?

Uno de los aspectos que más valoro de esta herramienta es que permite observar cosas que muy difícilmente aparecen en una entrevista verbal. Hay procesos internos que no se cuentan con palabras, pero que sí se muestran en la acción. Por ejemplo, durante un laboratorio de juego puedo ver cómo una persona:

Inicia o evita la exploración. Hay quien se lanza a probar de inmediato y quien necesita observar largo rato antes de moverse, o directamente se queda al margen. Esa diferencia ya nos dice algo sobre su relación con lo nuevo y lo incierto.

Responde ante la incertidumbre. Cuando no sabe qué va a pasar a continuación, ¿se bloquea, se acelera, busca instrucciones, o consigue sostener la falta de certeza sin que eso la paralice?

Mantiene o abandona una idea. Algunas personas sostienen una misma línea de exploración durante minutos; otras cambian constantemente de propuesta, casi sin darse cuenta.

Tolera el error y lo transforma en aprendizaje. Un movimiento que “no sale” puede vivirse como un fracaso que hay que evitar, o como un dato interesante que abre una nueva posibilidad. Esa diferencia es, muchas veces, el núcleo del trabajo terapéutico.

Se acerca o se distancia de otras personas. En los laboratorios grupales aparece con claridad cómo cada persona regula la distancia física y emocional con quienes la rodean.

Lidera, sigue o coopera. Los roles relacionales que cada uno tiende a ocupar en su vida cotidiana suelen reproducirse, de forma bastante fiel, dentro del juego.

Busca seguridad o se anima a asumir pequeños riesgos. Hay quien necesita quedarse en lo conocido y quien, incluso en un contexto nuevo, se permite probar algo distinto.

Permanece en patrones repetitivos o genera respuestas nuevas. Este es uno de los puntos que más me interesa clínicamente: cuánto margen tiene una persona para salir de sus automatismos habituales cuando se le da la oportunidad.

Escucha sus impulsos corporales o actúa desde el control cognitivo. Algunas personas dejan que el cuerpo decida; otras están permanentemente supervisando y corrigiendo lo que hacen, incluso cuando nadie se lo pide.

Es importante aclarar algo: en ningún momento buscamos interpretar rápidamente estas conductas ni sacar conclusiones apresuradas sobre lo que “significan”, lo que intentamos es comprender, con calma y a lo largo de varias sesiones, cómo cada persona organiza su relación consigo misma, con los demás y con el entorno que la rodea.

Cuando la curiosidad sustituye a la exigencia, el sistema nervioso cambia

Hay algo que he observado de manera muy consistente en estos años de trabajo: cuando la curiosidad ocupa el lugar de la exigencia, el funcionamiento del sistema nervioso cambia de forma perceptible.Cuando dejamos de necesitar encontrar “la respuesta correcta”, disminuye la presión interna y aumenta la disposición a explorar, la atención, que antes estaba centrada en no equivocarse, se vuelve más flexible y disponible, el cuerpo empieza a probar posibilidades de movimiento que antes no se permitía, y las acciones dejan de estar completamente determinadas por los hábitos anteriores: empiezan a aparecer variaciones, pequeñas improvisaciones, cambios de ritmo, formas nuevas e inesperadas de relacionarse con el entorno.

Desde una perspectiva neuropsicológica, estos momentos son especialmente valiosos porque constituyen auténticas oportunidades para actualizar los modelos internos con los que funcionamos —esas expectativas automáticas sobre cómo “deberían” ir las cosas— y para ampliar el repertorio de respuestas que tenemos disponibles ante la vida.

El juego como laboratorio de integración

Quiero insistir en algo que me parece fundamental: en MINED-E® el juego no es una actividad infantil ni un recurso para entretener durante la sesión. Es, en realidad, un contexto privilegiado donde se integran muchos procesos al mismo tiempo, durante una misma experiencia de juego, la persona está coordinando de forma simultánea la percepción, el movimiento, la emoción, la atención, la imaginación, la toma de decisiones, la interacción social y la construcción de significado. Todo eso ocurre a la vez, sin que la persona tenga que pensarlo conscientemente.

Y hay algo más: cada acción genera nueva información, y cada nueva percepción modifica la siguiente acción, es un bucle continuo entre lo que hacemos y lo que sentimos, entre el cuerpo y la mente. Por eso el aprendizaje que ocurre aquí deja de ser únicamente cognitivo —algo que se entiende con la cabeza— para convertirse en una experiencia vivida por todo el organismo.

Del análisis del vídeo a la comprensión clínica

Igual que hacíamos en los laboratorios pedagógicos de Reggio Emilia, muchas de estas experiencias pueden registrarse en vídeo para analizarlas con más detenimiento después de la sesión. La grabación me permite observar detalles que, en el momento, pasan desapercibidos: pequeños cambios posturales, instantes de duda que apenas duran un segundo, iniciativas espontáneas, la forma particular en que alguien se aproxima a un material, las secuencias de interacción con otra persona, y las transformaciones que se van produciendo a lo largo de varias sesiones.

Y quiero subrayar algo que para mí es central: en ningún momento analizamos si una persona “lo hizo bien”. Lo que analizamos es cómo piensa el cuerpo cuando juega.

Una invitación a descubrir nuevas posibilidades

Cada laboratorio de juego es, en el fondo, una oportunidad para descubrir recursos que permanecían ocultos bajo hábitos muy automatizados, esos que repetimos tantas veces que ya ni siquiera notamos que los estamos eligiendo.Cuando el cuerpo puede explorar sin miedo a equivocarse, empiezan a aparecer nuevas formas de moverse, de sentir, de relacionarse y de comprender la propia experiencia, y ese es, para mí, el corazón de este trabajo.

En MINED-E®, el juego se convierte así en un auténtico laboratorio de investigación terapéutica: un espacio donde la curiosidad abre la puerta a la integración, la creatividad y el cambio.

Uma Zuasti · MINED-E®

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